shadow

¿Quién ha escuchado la voz de Río Blanco?, ¿quién sabe siquiera en dónde está? Decenas de familias de Río Blanco llevan 11 días acampando frente a los accesos a las instalaciones de una minera china para que se largue de su tierra, pero qué poco ha sonado su voz en los medios y en las conversaciones de la gente de Cuenca. Y del Ecuador, ni hablar.

“Cansados de tanta mentira”, explican en una carta escrita con su puño y letra al prefecto del Azuay, Paúl Carrasco, “la población ha tomado la resolución de decir NO A LA ACTIVIDAD MINERA y que se suspenda todo tipo de intervención. Es por ello que desde el sábado 18 de agosto se encuentra en un paro indefinido con la finalidad de que se desalojen las instalaciones.”

Río Blanco es una comunidad rural del cantón Cuenca, que parece tan lejos de la ciudad como un pueblito de los Himalayas. Salió del anonimato cuando descubrieron un yacimiento de oro en sus extrañas y cuando un proyecto minero de una compañía extranjera tomó su nombre. Hasta el Jorge Glas llegó a Río Blanco el 11 de agosto del año pasado a inaugurar la mina diciendo a palabras llenas que ese día empezaba una nueva era para la comunidad.

Siempre se pensó que Río Blanco era prominero, y no era. Era una comunidad deseosa de progresar, de mejorar sus condiciones de vida. Sus rostros amigables, sus miradas como de cielo, sus palabras transparentes nada más pretendían una buena vía, una buena escuela, un colegio digno para que sus hijos no tengan que emigrar, un centro de salud donde refugiarse cuando se enferman, un trabajo bien remunerado… Lo que queremos todos.

Allá, a donde no llegaban ni los políticos en campaña, hace más de 20 años, llegó una minera británica y les prometió el paraíso. Y las familias de Río Blanco aceptaron encantadas. ¡Cómo no iban a aceptar! Con el paso de los años, el yacimiento terminó en manos de la compañía china Junefield Mineral Resources, que en el Ecuador adoptó el nombre de Ecuagoldmining S. A., pero el paraíso prometido nunca llegó y hoy ya no aguantan más. Del proyecto minero “no han tenido apoyo alguno para el adelanto de nuestra comunidad, causando divisionismo entre los mismos moradores, familias”, dicen los rioblanquenses en su carta.

Además, “desde hace meses, se han realizado algunas denuncias en el ámbito ambiental porque existen afecciones en especial en los ojos de agua que alimentan a los ríos Canoas y el Chorro […] fuentes hídricas que abastecen a la parroquia Molleturo y sector costanero”, añaden.

El proyecto minero, está dentro del bosque protector Molleturo-Mollepongo, en las inmediaciones del Parque Nacional Cajas,ocupando alrededor de 5.700 hectáreas. Hay pajonales, lagunas, humedales, bosques primarios, fauna andina y varias microcuencas hidrográficas: Patul, Putucay, Migüir, Quitahuaycu, El Chorro, Río Blanco, Canoas y Migsihuigsi, entre otras. Junefield explotará el yacimiento mediante socavón, removerá 800 toneladas diarias de material durante 11 años yextraerá 23,1 toneladas de oro y 163,9 toneladas de plata. Está en la fase de construcción de la mina.

El proyecto Río Blanco fue catalogado como estratégico por el gobierno de Correa. Kimsacocha, donde está el proyecto Loma Larga, también estratégico para la revolución ciudadana, se encuentra un poco más al sur. Alrededor de ellos, decenas de miles de hectáreas adicionales han sido concesionadas o están en trámite de concesión. 

​Aquí estaba la laguna de Cruz Loma. La compañía minera la tapó.

 

Es cierto que en Río Blanco hay un grupo de familias que siguen a favor de la mina, tienen derecho y las respetamos. Pero no podemos dejar de preguntar qué derecho da el derecho de poner en riesgo su propia agua y la de las comunidades hermanas situadas al pie de la montaña por unos pocos beneficios que durarán lo que duran “dos peces de hielo en un whisky on the rocks” como diría Joaquín Sabina.

En Río Blanco suenan las voces de los niños, las pisadas de las niñas cuando corren, el canto de las aguas saltando de piedra en piedra, los silbidos del viento. Huele a humo, al barro de sus casas, a tierra recién mojada por la lluvia. Río Blanco es un altar del cielo, desde donde se ven las nubes, desde donde se intuye el ruido sordo de los avatares de las sociedades humanas.

Los y las rioblanquenses siguen soñando con una buena vía, con un centro de salud que les abra las puertas, con un colegio donde los jóvenes desarrollen sus talentos, pero ya no con la mina, sino con la agroecología y el turismo comunitario, con sus propias manos y por sus propios derechos. Que no tengan que abandonar esos sueños tan bonitos, porque es lo que nos hace humanos y cambia la faz de este pequeño Planeta Azul para bien. “Seguiremos en pie de lucha hasta el final”, manifiestan al final de la misiva. Vamos a apoyarles de corazón, no sean malitos.

 

Yasunidos Cuenca

Author

admin

Related Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *